EDUCACIÓN INCLUSIVA. JUSTA Y NECESARIA
Frente a las
escuelas y su diversidad, es importante como Iglesia Católica poder incluir a
TODOS. “Se plantea así a toda la Iglesia el
deber de una reflexión y de un compromiso profundos, para que la nueva cultura
que está emergiendo sea íntimamente evangelizada, se reconozcan los verdaderos
valores, se defiendan los derechos del hombre y de la mujer y se promueva la
justicia en las estructuras mismas de la sociedad. De este modo el «nuevo
humanismo» no apartará a los hombres de su relación con Dios, sino que los
conducirá a ella de manera más plena.”[1]
Ahora
bien, ¿Cómo podemos incluir a aquellos con capacidades diferentes, dándole la
mejor evangelización y educación posible? Y, específicamente, ¿Cómo incluir a
los niños con síndrome de Down u otros? La labor no es fácil y sin embargo es
justa y necesaria. En estas líneas compartiré algunas directrices.
a.
Incluirlo en el grupo: No haciéndolo sentir un extraño en
el grupo. Hemos de saber que la
mayoría de niños con este tipo de patologías son cariñosos, inteligentes y
sensibles, por ello es preciso conocer en cada caso los aspectos que pueden
limitar su capacidad y la forma cómo expresan sus sentimientos. Generalmente reaccionan
bien al tratamiento y pueden alcanzar una vida personal y profesional autónoma,
aunque socialmente persistan algunas características singulares.
b. Interacción con los
familiares: El docente, desde
su formación, ha de tener en cuenta estas particularidades. Los padres son, sin
lugar a dudas, los que mejor conocen a sus hijos. Es muy importante recoger
información sobre las capacidades del niño pues es a través de ellas como
podremos atender con mayor eficacia sus dificultades.
Así pues, se podría solicitar información sobre lo siguiente:
-
las capacidades de
su hijo,
-
sus mayores
dificultades,
-
maniobras para
calmarlo en situación de estrés o rabietas,
-
aspectos para él
insoportables: ruidos, gritos, que le toquen etc.,
-
y situaciones
relajantes para él.
c. Buscar el bienestar del estudiante: Aquí lo fundamental es que el alumno sea feliz, no sólo
el mismo sino el entorno que lo rodea fomentando la integración. Que el grupo
sepa que “11. Dios ha creado al hombre a
su imagen y semejanza[20]: llamándolo a la existencia por
amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor.”[2]
Y por esto mismo debe dialogar con respeto teniendo en cuenta que ellos
también son hijos de Dios.
d. Trabajo con el grupo de estudiantes: Otra cosa importante es una conexión no solo con los
padres sino con los alumnos introduciéndolos en este “otro” que se me presenta.
Es importante que el grupo sea consciente de:
- Vocabulario
singular.
- Tendencia a la
interpretación literal.“Estoy roto o
muerto de cansancio” puede ser para él una fuente de ansiedad por
interpretar la muerte o la rotura de forma literal. Escasa o nula
comprensión del lenguaje metafórico que repercute en dificultades de comprensión global del discurso, que también
son evidentes cuando se habla de temas no cotidianos, nuevos para él o se
le dan órdenes fuera de la rutina.
- Dificultad
para respetar turnos de palabra y de acción.
·
Utilización inadecuada de los pronombres. Pueden referirse a ellos mismos en tercera persona o por
su nombre.
- Escasa
interpretación y utilización del lenguaje no verbal.
Los elementos son diversos, yendo de la teoría a la
práctica, en los siguientes artículos que iremos compartiendo nos explayaremos más
en algunos otros detalles. La educación inclusiva es justa y necesaria, es
responsabilidad de todos, y con mucha más razón de las escuelas católicas. Es
por ello que no debe ser pasada por alto.
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