Nuevo
mundo + Fe= Desafío a vivir
Nadie duda de la importancia del intercambio cultural para un
aprendizaje verdadero dependiendo de la situación y realidad en donde se
encuentre. Los viajes educativos fueron y serán de gran valor en este proceso,
salir, romper esquemas caducos y conocer
nuevos mundo; es un nuevo desafío que hoy tenemos en un mundo cada vez más
cambiante y fugaz desde las relaciones interpersonales hasta el compartir entre
dos pueblos y ni que decir dos culturas diferentes.
Fijémonos en la noción de cultura. Tradicionalmente, la cultura se
dice de las personas, de su desarrollo intelectual, de su creación artística,
de sus producciones específicas.
En este sentido, se habla de identidad cultural, de cultura
popular, de cambios culturales, de desarrollo cultural, de diálogo de las
culturas. La cultura designa entonces los rasgos característicos de un grupo
humano, sus modos típicos de pensar, de comportarse, de humanizar un ambiente
determinado. Cada comunidad humana se reconoce por su propia cultura.
La evangelización de las culturas obligará muchas veces a los
cristianos a mostrarse contraculturales; tendrán que criticar y denunciar lo
que en su propia cultura se recibe como lógico, pero que tiende a oscurecer las
conciencias y a debilitar el sentido moral. La presión de las modas, de los
juicios y de los intereses colectivos actúa en profundidad sobre las culturas
vivas y condiciona los comportamientos comunes. Evangelizar significará
discernir esos modelos de comportamiento según los criterios de la enseñanza de
Jesucristo, que vino a salvar a todo el hombre en su dimensión personal, social
y cultural. ¿Estamos ante una nueva cultura digital?
Analicemos más bien, la
realidad en que hoy vivimos. Se trata de una cultura de la diferencia, a veces buscada como afirmación simbólica
de prestigio, otras veces, padecida como exclusión y marginación social, por
ejemplo, a través del desempleo prolongado, o exacerbada por la droga. En sus
aspectos positivos, el reconocimiento de la diferencia, si está penetrado de eticidad,
se opone a todo tipo de discriminación, respeta el disenso, valora el género y
a la mujer, defiende los derechos de las minorías y de las generaciones futuras
(por ejemplo, a través del ecologismo), promueve el reconocimiento personal,
subjetivo e interiorizado. Y, por el contrario, reacciona contra los elementos
totalizadores, determinísticos y uniformizados de estadio anteriores de la
modernidad. En general, puede decirse que hace primar lo psicológico sobre lo
ideológico, lo permitivo sobre lo autoritario, lo narcisista sobre lo heroico.
Las nuevas tecnologías han modificado radicalmente las maneras de
difundir noticias e informaciones, así como el modo de comunicarse y
relacionarse de las personas entre sí, promoviendo cultura on line. Esta nueva forma de comunicación, de encontrarse
debe ponernos atentos a mantener y promover una cultura de respeto, diálogo y
auténtica amistad, en la que puedan florecer los valores de la verdad, la
armonía y la comprensión.
Todo consagrado y en especial el sacerdote, sobre todo en este año
de la vida consagrada está llamado a redescubrir el don de la vocación y el
servicio por medio del “Evangelio, la Profecía y la Esperanza”. Podrá dar a
conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y
ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de
unir el uso oportuno y competente de tales medios – adquirido también en el
período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda
espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En
el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la
mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma
no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo
comunicativo de la «red».
Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas
se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente
a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que
se notan especialmente en el mundo juvenil.
La educación actual muchas
veces permanece encerrada en una isla que no puede ver más allá de sus narices.
Un intercambio inteligente, por el contrario, aumenta nuestra capacidad de
aprender, de comprender y de aceptar otras formas de aprender. Llegará pronto
el día en que aprender en un aula aislada, sin conexiones, no tendrá sentido
alguno. El aprendizaje será global, interconectado, intercambiable y
multicultural desde un comienzo. ¿Qué sucedería si una pared entera del aula se
transformara en un "muro virtual" conectado permanentemente a un
ambiente escolar de una cultura muy diferente a la nuestra? Hemos visto algo
semejante en una empresa que cuenta con una "pared digital" para
conectar dos sedes separadas por cientos de kilómetros. ¿Qué esperamos para
seguir este ejemplo en el campo de la educación? ¿Cómo sería ese aprendizaje?
¿Qué aprenderíamos? ¿Cómo creceríamos? No creemos que este retardo sea sólo
cuestión de dinero, sabemos que es algo más grave aún, se trata de una enorme
falta de imaginación.
El Papa Francisco dice que “en
particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de
solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.” Las redes
sociales se han convertido en una opción interesante para dar a conocer lo que
Cristo hace cada día en nuestra vida, la cual podría resumirse en una sola
palabra: bendición. Todo lo que el Señor hace en nosotros
es una manifestación clara de su amor misericordioso. Esa acción continua en
nuestra existencia es la que estamos llamados a reflejar. El correo
electrónico, twitter, facebook, google, instagram, por mencionar
algunas redes; son herramientas que sirven como tarjeta de presentación para
los demás.
El Santo Padre Francisco también hace
referencia al crecimiento humano desde la comunicación, y promueve que no solo
se quede lo virtual sino mas bien la cultura del encuentro, del diálogo, de la
solidaridad, de la ayuda como caminos al hombre que hace y se va conociendo:
“Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es
distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve
simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si
tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar
el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se
manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar
mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la
visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre
la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y
subsidiaridad.”