lunes, 22 de junio de 2015

¿Compartir contigo?

                                  ¿Compartir contigo?

                             

        Vivimos en un mundo complejo, los fenómenos sociales suceden con rapidez planteando nuevos retos a los que la sociedad debe ofrecer respuestas. Los movimientos migratorios han situado en un mismo espacio a personas de muy diferentes orígenes culturales o quizás, dicho de otra manera, han puesto en evidencia lo que ya antes era una realidad: vivimos en una sociedad pluricultural (multicultural).

       Dentro de toda esta realidad, que parece ser caótica y desafiante, ¿Estamos dando pasos como comunidad y sociedad ante la incuestionable presencia de otras culturas en nuestro espacio? Partamos conceptualizando algunos términos claves: 

    La educación es «el instrumento del desarrollo integral de la persona humana y de su socialización»[1]. Puede tener lugar a cualquier edad, gracias a la acción de múltiples instituciones tales como la familia, la comunidad o el contexto laboral, o mediante la interacción con el entorno natural, especialmente cuando esa interacción está social y culturalmente determinada. De todas esas instituciones que ejercen su influencia, la escuela sigue siendo la institución educativa más visible.

    La cultura, por su parte, es el núcleo de la identidad individual y social y es un elemento importante en la conciliación de las identidades grupales en un marco de cohesión social. Al hablar de cultura se hace referencia a todos los factores que configuran los modos en que un individuo piensa, cree, siente y actúa como miembro de la sociedad.

       La interculturalidad es un concepto dinámico y se refiere a las relaciones evolutivas entre grupos culturales. Ha sido definida como «la presencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas, adquiridas por medio del diálogo y de una actitud de respeto mutuo»[2].

   Percibir la dimensión auténticamente intercultural es posible gracias a su fundamento antropológico. En efecto, el encuentro se realiza siempre entre hombres concretos. «Las culturas toman vida y se reformulan una y otra vez a partir del encuentro con el otro. Salir de sí mismos y considerar el mundo desde un punto de vista diverso no es negación de sí, antes al contrario es un necesario proceso de valorización de la propia identidad. En otros términos, la interdependencia y la globalización entre pueblos y culturas deben estar centradas en la persona».[3]

      Hay tres puntos fundamentales sobre los cuales se puede entretejer esta realidad educación-diversidad cultural: 1) Decidirse a pensar juntos: es la tarea central de la escuela es formar ciudadanos que piensen. 2) Dedicarse a pensar cuando todo se opone a ello: requiere audacia. Desbaratar la trampa de separar lo intelectual de lo emocional, el pensamiento de los afectos. Pensar es vivir y generar vida nueva. Se puede aprender a pensar, desde lo nuevo y lo diverso rompiendo con estructuras y modelos obsoletos de enseñanza. Decidirse a trabajar juntos para empezar a transformar la realidad. 3) Decidirse a sentir: Si algo ha perdido el sistema educativo es la “persona”. Es básico que los profesores y la escuela recuperen la expresión de los sentimientos, las emociones, la ternura y la comprensión para hacer reales los procesos de humanización. Como aclara la Encíclica Divini Illius magistri del papa Pío XI, 81 : “La educación cristiana comprende todo el ámbito de la vida humana, la sensible y la espiritual, la intelectual y la moral, la individual, la doméstica y la civil, no para disminuirla o recortarla sino para elevarla, regularla y perfeccionarla según los ejemplos y la doctrina de Jesucristo”.

        Este proceso de aprender lo diferente requiere un: conocer, hacer y ser. Conocer lo diverso, hacer un esfuerzo por salir de nosotros mismos hacia un tú o ellos pero no hecha y ser nosotros“mi identidad es lo que hace que yo no sea idéntico a otra persona” [4]desde lo que podamos enriquecernos del otro como tierra fértil de aprendizaje. Toda cultura es básicamente pluricultural, es tierra fértil para aprender. Es decir, se ha ido formando, y se sigue formando, a partir de los encuentros entre distintas comunidades de vidas que aportan sus modos de pensar, sentir y actuar. Evidentemente los intercambios culturales no tendrán todos las mismas características y efectos. Pero es a partir de estos contactos que se produce el mestizaje cultural, la hibridización cultural.Una cultura no evoluciona si no es a través del contacto con otras culturas. Pero los contactos entre culturas pueden tener características muy diversas. En la actualidad se apuesta por la interculturalidad que supone una relación respetuosa entre culturas, en términos bíblicos creemos que «cada ser humano está llamado a la comunión en razón de su naturaleza creada, a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gén. 1, 26-27)

         La escuela y soñando con un horizonte más amplio, la sociedad debería ser un espacio en que las personas aprendieran a comprenderse y a comunicarse desde nuestras diferencias y similitudes, desde lo cultural y familiar. Como señala Morín, “... la comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. Teniendo en cuenta la importancia de la educación para la comprensión en todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma de las mentalidades. Tal debe ser la tarea para la educación del futuro. […] La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños, es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión. De allí la necesidad de estudiar la incomprensión desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Este estudio sería tanto más importante cuanto que se centraría no sólo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios. Constituiría, al mismo tiempo, una de las bases más seguras para la educación por la paz, a la cual estamos ligados por esencia y vocación[5]

           Desde la educación para la paz, podemos hacer y pensar  la diferencia y la diversidad existente entre los seres humanos, como fuente de enriquecimiento personal y social cuando esa pluralidad se articula en virtud de relaciones cooperativas y solidarias. Asimismo, se acepta que tal diversidad conlleve, como consecuencia, divergencias, desencuentros y conflictos. Juntos es posible construir esta civilización del amor, desde los corazones y las conciencias.


                                         



[1] UNESCO (1992): Conferencia Internacional de Educación, 43ª reunión, La contribución de la educación al desarrollo cultural.
[2] Artículo 8 de la Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales (UNESCO, 2005)
[3]http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/documents/rc_con_ccatheduc_doc_20131028_dialogo-interculturale_sp.html#Actitud_intercultural
[4]3 MAALUF, Amin, las identidades que maten. Por una mundialización que respete la diversidad.
[5]Morin, E.: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO, 1999.


No hay comentarios:

Publicar un comentario