lunes, 20 de julio de 2015




Nuevo mundo + Fe= Desafío a vivir


Nadie duda de la importancia del intercambio cultural para un aprendizaje verdadero dependiendo de la situación y realidad en donde se encuentre. Los viajes educativos fueron y serán de gran valor en este proceso, salir, romper esquemas caducos  y conocer nuevos mundo; es un nuevo desafío que hoy tenemos en un mundo cada vez más cambiante y fugaz desde las relaciones interpersonales hasta el compartir entre dos pueblos y ni que decir dos culturas diferentes.

Fijémonos en la noción de cultura. Tradicionalmente, la cultura se dice de las personas, de su desarrollo intelectual, de su creación artística, de sus producciones específicas.

En este sentido, se habla de identidad cultural, de cultura popular, de cambios culturales, de desarrollo cultural, de diálogo de las culturas. La cultura designa entonces los rasgos característicos de un grupo humano, sus modos típicos de pensar, de comportarse, de humanizar un ambiente determinado. Cada comunidad humana se reconoce por su propia cultura.

La evangelización de las culturas obligará muchas veces a los cristianos a mostrarse contraculturales; tendrán que criticar y denunciar lo que en su propia cultura se recibe como lógico, pero que tiende a oscurecer las conciencias y a debilitar el sentido moral. La presión de las modas, de los juicios y de los intereses colectivos actúa en profundidad sobre las culturas vivas y condiciona los comportamientos comunes. Evangelizar significará discernir esos modelos de comportamiento según los criterios de la enseñanza de Jesucristo, que vino a salvar a todo el hombre en su dimensión personal, social y cultural. ¿Estamos ante una nueva cultura digital?

Analicemos  más bien, la realidad en que hoy vivimos. Se trata de una cultura de la diferencia, a veces buscada como afirmación simbólica de prestigio, otras veces, padecida como exclusión y marginación social, por ejemplo, a través del desempleo prolongado, o exacerbada por la droga. En sus aspectos positivos, el reconocimiento de la diferencia, si está penetrado de eticidad, se opone a todo tipo de discriminación, respeta el disenso, valora el género y a la mujer, defiende los derechos de las minorías y de las generaciones futuras (por ejemplo, a través del ecologismo), promueve el reconocimiento personal, subjetivo e interiorizado. Y, por el contrario, reacciona contra los elementos totalizadores, determinísticos y uniformizados de estadio anteriores de la modernidad. En general, puede decirse que hace primar lo psicológico sobre lo ideológico, lo permitivo sobre lo autoritario, lo narcisista sobre lo heroico.

Las nuevas tecnologías han modificado radicalmente las maneras de difundir noticias e informaciones, así como el modo de comunicarse y relacionarse de las personas entre sí, promoviendo cultura on line. Esta nueva forma de comunicación, de encontrarse debe ponernos atentos a mantener y promover una cultura de respeto, diálogo y auténtica amistad, en la que puedan florecer los valores de la verdad, la armonía y la comprensión.

Todo consagrado y en especial el sacerdote, sobre todo en este año de la vida consagrada está llamado a redescubrir el don de la vocación y el servicio por medio del “Evangelio, la Profecía y la Esperanza”. Podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios – adquirido también en el período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».

Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil.

 La educación actual muchas veces permanece encerrada en una isla que no puede ver más allá de sus narices. Un intercambio inteligente, por el contrario, aumenta nuestra capacidad de aprender, de comprender y de aceptar otras formas de aprender. Llegará pronto el día en que aprender en un aula aislada, sin conexiones, no tendrá sentido alguno. El aprendizaje será global, interconectado, intercambiable y multicultural desde un comienzo. ¿Qué sucedería si una pared entera del aula se transformara en un "muro virtual" conectado permanentemente a un ambiente escolar de una cultura muy diferente a la nuestra? Hemos visto algo semejante en una empresa que cuenta con una "pared digital" para conectar dos sedes separadas por cientos de kilómetros. ¿Qué esperamos para seguir este ejemplo en el campo de la educación? ¿Cómo sería ese aprendizaje? ¿Qué aprenderíamos? ¿Cómo creceríamos? No creemos que este retardo sea sólo cuestión de dinero, sabemos que es algo más grave aún, se trata de una enorme falta de imaginación.

El Papa Francisco dice que “en particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.” Las redes sociales se han convertido en una opción interesante para dar a conocer lo que Cristo hace cada día en nuestra vida, la cual podría resumirse en una sola palabra: bendición. Todo lo que el Señor hace en nosotros es una manifestación clara de su amor misericordioso. Esa acción continua en nuestra existencia es la que estamos llamados a reflejar. El correo electrónico, twitter, facebook, google, instagram, por mencionar algunas redes; son herramientas que sirven como tarjeta de presentación para los demás.

El Santo Padre Francisco también hace referencia al crecimiento humano desde la comunicación, y promueve que no solo se quede lo virtual sino mas bien la cultura del encuentro, del diálogo, de la solidaridad, de la ayuda como caminos al hombre que hace y se va conociendo:

“Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad.”




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